Los Grammy 2026 confirman el peso central de la cultura urbana y latina en la industria global

La música urbana y los discursos políticos marcaron una gala más cercana a un concierto que a una entrega de premios

La 68ª edición de los Premios Grammy dejó claro que la ceremonia atraviesa una transformación estructural. Más cercana a un festival retransmitido que a una entrega de premios tradicional, la gala avanzó a base de actuaciones continuas, cruces generacionales y un protagonismo claro de la música urbana, el pop contemporáneo y las escenas latinas, tanto en el escenario como en el discurso.

Bajo la conducción de Trevor Noah —en su último año como presentador—, el evento apostó por dejar espacio a los artistas. Desde figuras históricas como Lauryn Hill o Joni Mitchell, hasta nombres centrales del presente como Kendrick Lamar, Billie Eilish, SZA o Sabrina Carpenter, la gala funcionó como un retrato amplio del momento que vive la industria.

Uno de los grandes hitos de la noche fue el triunfo de Bad Bunny, que se llevó el Grammy a Álbum del Año por ‘Debí tirar más fotos’. El reconocimiento marcó un precedente histórico al convertirse en el primer álbum íntegramente en español en obtener este premio. Más allá del galardón, su discurso conectó la victoria con una reivindicación directa de la identidad latina, la migración y la memoria colectiva, reforzando una de las líneas temáticas más visibles de la noche.

El componente político atravesó buena parte de la ceremonia. Mensajes contra el ICE y en favor de las comunidades migrantes aparecieron tanto en los discursos como en gestos visibles sobre el escenario. Billie Eilish, al recoger el Grammy a Canción del Año por ‘Wildflower’, fue una de las voces más claras en ese sentido, mientras que otros artistas aprovecharon su paso por el atril para subrayar el papel cultural —y no solo comercial— de la música popular en el contexto actual.

En el terreno del hip hop, Kendrick Lamar firmó otra noche clave en su trayectoria al ganar el premio a Mejor Álbum de Rap por ‘GNX’ y la Grabación del Año por ‘Luther’, junto a SZA. El momento estuvo acompañado por un homenaje explícito a Luther Vandross, reforzando el tono de respeto intergeneracional que marcó buena parte de la gala. La presencia de artistas como Tyler, the Creator, Clipse o Doechii completó un bloque rap sólido y transversal.

Las actuaciones en directo reforzaron esa idea de gala-concierto. Justin Bieber sorprendió con una interpretación minimalista de ‘Yukon’, mientras Lady Gaga desplegó una performance intensa alineada con su actual etapa creativa. Sabrina Carpenter volvió a demostrar su dominio del formato televisivo, y Rosé junto a Bruno Mars abrió la noche con una actuación de clara inspiración pop-rock.

Uno de los momentos más celebrados llegó con la aparición de Lauryn Hill, que lideró un homenaje coral a D’Angelo y Roberta Flack acompañada por nombres como Jon Batiste, Raphael Saadiq o Chaka Khan, firmando uno de los picos emocionales y musicales de la noche.

En clave latina, además del protagonismo de Bad Bunny, la edición 2026 dejó una presencia diversa y significativa. Ca7riel y Paco Amoroso recogieron el Grammy a mejor álbum de Rock Latino o Alternativo por ‘PAPOTA’ en un momento que ya venía cargado de ruido previo. Tras anunciar la cancelación del álbum y soltar frases sueltas sobre Dios, el orden natural de las cosas, las vitaminas, la ashwagandha y una especie de retiro medio místico medio en broma, el premio cayó como otro capítulo más de una narrativa deliberadamente confusa. También destacó la presencia de Nicki Nicole, nominada a Mejor Álbum de Música Urbana por ‘NAIKI’, siendo la única mujer en esa categoría.

Los Grammy 2026 dejaron así una lectura clara: la música urbana, el pop contemporáneo y las escenas latinas no solo dominan las listas, sino que articulan el discurso cultural de la industria. La gala, básicamente, funcionó como un espejo del presente en el que la música sirve como espacio de posicionamiento y representación colectiva.

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