Descubriendo a: ‘Charly Brown’
Crear desde la dualidad, la danza, el barrio y los excesos como forma de supervivencia.
Charly Brown no encaja, y tampoco lo intenta. Se trata de un artista dominicano-suizo afincado entre ciudades y códigos. Su figura se construye desde el contraste: danza clásica y trap oscuro, sensibilidad y crudeza, lo queer y lo masculino.
En su música hay ritmo interno, tensión y respiración en cada tema, como si cada canción fuera una coreografía emocional que se activa antes de sonar. En esta conversación hablamos de identidad, de dualidades, de no encajar y de cómo ese desajuste puede convertirse en pulsión creativa.
“Durante mucho tiempo sentí que tenía que elegir, y ahora entiendo que mi fuerza está justamente en no hacerlo. ”
ENTREVISTAMOS A CHARLY BROWN:
¿Cómo consideras que ha influido tu background como bailarín en la manera que tienes de entender la música?
Mi formación como bailarín ha marcado profundamente mi manera de entender la música. Para mí, la música no es solo sonido, es cuerpo, ritmo interno, tensión y respiración. Vengo de un lugar donde cada movimiento tiene un sentido, una intención, y eso lo traslado a mis canciones. Pienso la música como una coreografía emocional: cuándo contener, cuándo explotar, cuándo dejar espacio. Incluso cuando canto algo muy crudo o urbano, hay una conciencia física detrás, casi instintiva. Mi música se mueve antes de sonar.
¿Crees que existe cierta dualidad dentro de Charly Brown? ¿Cómo definirías esos contrastes?
Sí, totalmente. Esa dualidad soy yo. No la vivo como una contradicción, sino como una convivencia natural. Vengo del barrio, pero también de la danza clásica; de lo queer, pero también de códigos muy masculinos y crudos. Durante mucho tiempo sentí que tenía que elegir, y ahora entiendo que mi fuerza está justamente en no hacerlo. Mis contrastes no se neutralizan, se potencian. Soy elegante y vulgar, sensible y violento, delicado y frontal. Charly Brown nace en ese choque constante.
“No busco sonar “correcto”, busco sonar honesto. Mi música nace de lo que me atravesó, no de lo que funciona.”
Tanto tú música como tú imagen tienen un carácter muy propio. ¿Qué influencias musicales, ya sean artistas, géneros o momentos de tu vida, han contribuido a construir tu identidad sonora?
Mi identidad sonora es el resultado de muchas capas. Musicalmente me han marcado el R&B, el reggaetón, el hip-hop, pero también la música más emocional y cinematográfica. Hay influencias de artistas que saben mezclar vulnerabilidad y poder, pero también momentos muy personales: el amor, la pérdida, la calle, el deseo, la necesidad de pertenecer. No busco sonar “correcto”, busco sonar honesto. Mi música nace de lo que me atravesó, no de lo que funciona.
“Yo también crecí sintiendo que estaba fuera de lugar, y hoy entiendo que ese desajuste fue mi motor.”
¿Qué es el exceso para ti: una estrategia, una necesidad o una consecuencia?
El exceso no es una estrategia pensada, es una consecuencia natural de quién soy. Cuando vienes de un lugar donde se te pide constantemente que te reduzcas, que te adaptes, que encajes, el exceso se vuelve una forma de supervivencia. Exagerar, mostrar demasiado, ir más lejos de lo esperado… es mi manera de existir sin pedir permiso. El exceso es libertad, pero también es verdad.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a toda esa gente joven del colectivo que está en el barrio y siente que no encaja en ningún sitio?
Les diría que no encajar no es un fallo, es una señal. Significa que todavía no han encontrado su espacio, o que ese espacio aún no existe. Yo también crecí sintiendo que estaba fuera de lugar, y hoy entiendo que ese desajuste fue mi motor. No tienes que elegir entre lo que eres y de dónde vienes. Puedes ser todo al mismo tiempo. Tu diferencia no es un problema: es tu futuro lenguaje.
