‘ICEMAN’ UNA TRILOGÍA TAN INESPERADA COMO EXCESIVAMENTE LARGA

Entre bloques de hielo en Toronto, livestreams y teorías en Reddit, el regreso de Drake ha terminado funcionando como uno de los rollouts más comentados y caóticos del año

Hay algo curioso pasando alrededor de ICEMAN. Más allá del disco en sí, el nuevo proyecto de Drake lleva semanas ocupando internet como si fuese una experiencia colectiva diseñada para mantenerse permanentemente en conversación. Y probablemente ahí esté la clave de todo: por primera vez en años, un lanzamiento suyo no se está viviendo únicamente como “otro álbum de Drake”, sino como una especie de termómetro cultural sobre cuál es realmente su posición dentro del rap después del terremoto provocado por Kendrick Lamar.

El rollout empezó a calentarse (o descongelarse) en Toronto, ciudad convertida casi en extensión física del propio álbum. Drake apareció instalando enormes bloques de hielo en distintos puntos de la ciudad, dejando pistas ocultas sobre la fecha del lanzamiento. Algunos intentaron derretir las estructuras con sopletes, otros acudieron con herramientas para romperlas en directo y varios vídeos acabaron viralizándose en TikTok y X mientras la policía local terminaba interviniendo por motivos de seguridad.

Dentro de todo ese caos apareció una figura inesperada: el streamer Kishka. Durante uno de sus directos, consiguió acceder al interior de una de las estructuras de hielo y encontrar la fecha del álbum antes de que fuese anunciada oficialmente.

Toda esa construcción visual y performativa terminó desembocando en el lanzamiento simultáneo de ICEMAN, Maid of Honour y Habibti: tres discos publicados a la vez y más de cuarenta canciones nuevas liberadas prácticamente sin aviso previo. Una decisión que dividió inmediatamente a crítica y público.

Mientras algunos medios interpretaron el movimiento como una demostración de poder y omnipresencia —la capacidad de Drake para monopolizar internet incluso después de uno de los momentos más delicados de su carrera—, otros vieron en la trilogía un exceso de material difícil de sostener artísticamente.

En plataformas como Reddit, la conversación se movió constantemente entre ambos extremos. Parte de los fans consideran ICEMAN su trabajo más sólido en años, especialmente por recuperar un tono más agresivo y centrado en el rap tras proyectos mucho más dispersos. Otros, sin embargo, ven la trilogía como una respuesta demasiado larga, defensiva y obsesionada con las secuelas del conflicto con Kendrick Lamar.

Y es precisamente ahí donde aparece el verdadero fondo del proyecto. Porque aunque ICEMAN se haya vendido desde el misterio y la estética helada, gran parte del álbum funciona como una reacción directa al desgaste público que Drake ha vivido durante los últimos dos años. Muchas letras vuelven sobre la traición, la exposición mediática, la desconfianza y la necesidad constante de reafirmar su lugar dentro del rap contemporáneo.

Aun así, incluso entre críticas bastante duras, prácticamente todos coinciden en algo: Drake sigue entendiendo internet mejor que casi cualquier otro artista mainstream. El rollout de ICEMAN consiguió convertir algo tan simple como una fecha de lanzamiento en un espectáculo colectivo repartido entre livestreams, memes, teorías conspirativas, instalaciones urbanas y debates constantes sobre su figura.

Y probablemente esa sea la lectura más interesante de todo esto. Más que un simple comeback, ICEMAN parece funcionar como un intento de Drake por recuperar el control de su propio mito. Aunque el resultado musical siga generando división, el canadiense ha vuelto a demostrar que, incluso en sus momentos más cuestionados, sigue teniendo la capacidad de convertir cada movimiento en conversación global.

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