FSTVL·B: 72H DE RADIOGRAFÍA
Un año más, el FSTVL·B propone y entiende la pluralidad de una escena que cada vez es más difícil de describir
Con un planteamiento de fechas inusual, el FSTVL·B ha conseguido, de nuevo, resumir en tres días el estado de una escena a la que la etiqueta de ‘urbano’, ‘indie’ o cualquier otra se le queda corta.
Desde el viernes hemos podido disfrutar de una diversidad que bebe de referencias tan diametralmente opuestas que muchas veces, te hacían escoger a quien ver por lo que te apetecía en el momento.
Si tuviéramos que dividir el festival en tres actos, podríamos hablar de una presentación (un poco de todo para todos) el jueves, el urbano para el viernes y un sábado de resaca para los poperos alternativos. Una división inevitablemente simplificada, pero que sirve para entender cómo se sintieron las tres jornadas.
Aún así, la situación actual de la escena que hasta hace poco catalogábamos fácilmente bajo el mismo paraguas de “urbano” vuelve a demostrar que la escena nacional está en uno de los momentos más ricos de su historia reciente.
Todo esto acompañado de un público bastante joven y sobretodo: local.
Porque han sido muchos los artistas que han hecho referencia a la situación que vive Barcelona y también los agradecimientos a la organización por conseguir hacer un festival para “la gente de aquí”..
Y cierto es que, el FSTVL·B ha conseguido demostrar que, apostando por lo autóctono (como bien hace su competencia directa en Arriondas) puedes tener una programación tan coherente como extensa durante tres días seguidos.
Los nombres a destacar son los ya esperables, obvio. Y es que Yung Beef es un fenómeno que no necesita demasiadas explicaciones: el público sabía a lo que venía. Fiesta, trap, rap, perreo y un lazo de unión entre los que estaban, están y estarán en el podio de la escena.
Por su parte Guitarricadelafuente consiguió algo que no siempre es fácil en un cartel tan amplio: detener el ritmo del FSTVL·B y hacer que miles de personas mirasen hacia el mismo sitio. Un registro casi que contrario, pero la misma sensación de tener a un icono generacional en lo suyo, planteando uno de los mejores directos del festival con bastante diferencia.
Y el cierre más internacional del festival llegó de la mano de Rusowsky, que puso punto final a la gira de su álbum debut, DAISY, el sábado en Barcelona. Después de meses llevando el proyecto por distintos escenarios, el FSTVL·B se convirtió en el lugar elegido para cerrar esta etapa. Su concierto funcionó como un cierre de ciclo, recuperando el universo de DAISY frente a un público que ya había hecho suyo el repertorio.
Al final, quizá esa sea la mejor forma de resumir estas 72 horas: el FSTVL·B funciona como una radiografía bastante precisa de lo que está pasando aquí y ahora. No porque consiga meter toda la escena en tres días (porque sería imposible), sino porque consigue ponerla a convivir en un mismo recinto.
