Descubriendo a: ‘ZAKIO’
Zakyo no concibe la música como un simple ejercicio de estilo, sino como una herramienta para atravesar el cambio. Desde Granada, el artista se ha ido abriendo paso dentro del panorama urbano nacional con una propuesta que prioriza la emoción, la honestidad y la libertad creativa por encima de cualquier género musical.
Su nuevo EP, ‘VERTIZZE’, es precisamente eso: un salto al vacío. Un proyecto que nace desde la inquietud, el desajuste y la sensación de no encajar, emociones profundamente ligadas a una generación que observa el mundo a través de una pantalla y trata de encontrar su lugar en medio del ruido.
En esta entrevista para TAGMAG, Zakyo reflexiona sobre el vértigo de crecer, la incertidumbre generacional, la necesidad de explorar sin límites estilísticos y la conexión casi espiritual que se produce cuando sus canciones cobran vida sobre el escenario.
“No me preocupa tanto el estilo como el mensaje. (...) Voy a usar cualquier estilo que me permita contar lo que quiero.”
ENTREVISTA A ZAKIO
VERTIZZE se plantea como un viaje emocional más que como un simple EP. ¿Qué fue lo primero que apareció: las canciones o la sensación de vértigo que lo atraviesa todo?
Las sensaciones provocan la emoción del cambio tal como tú lo percibes, y se hace cada vez más fuerte dentro de ti. El vértigo es lo siguiente: sentir que las piezas de antes no encajan y que debes saltar. La música se convierte entonces en el vehículo para expresarlo. Vertizze es la expresión emocional de ese salto.
¿Te sientes representativo de lo que vive tu generación (Gen Z) o solo estás contando tu propia forma de sentir ese caos?
Sin duda alguna, siento que este trabajo, desde su portada, proyecta la inquietud que vive mi generación. En nosotros hay factores comunes a todas las generaciones, como es lógico, pero creo que es muy propio de los Z la incertidumbre objetiva de encajar en un mundo que vemos a través de una pantalla, casi siempre filtrado y manipulado.
Evadir la realidad en un mundo global, nuestros propios sueños y frustraciones al enfrentarnos a lo real, nuestra debilidad y nuestro miedo a los retos del siguiente paso en la vida sin referencias claras.
“Cantar para el público es lo más grande que puede hacer un músico. Esa conexión espiritual con tu público es la piedra angular de tu arte.”
¿Hay algún género dentro del EP que te haya servido para decir cosas que no podrías haber dicho desde ningún otro?
Creo que desde que recuerdo siempre me resultó más fácil cantar que contar. No me preocupa tanto el estilo como el mensaje. Todos los artistas buscan su sonido y referencias; para el mercado es mejor, pero yo pienso al contrario: si te dedicas a esto debes jugar con toda la paleta de colores. Voy a usar cualquier estilo que me permita contar lo que quiero. Eso es la libertad de poder pintar sobre blanco sin más condición que crear.
“Síndrome de abstinencia” ha conectado muy rápido.
¿Qué parte de ti jamás querrías perder, incluso cuando lo que haces empieza a tener cada vez más público?
Como casi todos los temas que te llenan, Síndrome de abstinencia salió del tirón.
La magia de trabajar desde la anarquía creativa, desde lo que te nace. La sensación de tener el control de mi tiempo para dedicarme a esto que hago. No quisiera perder eso.
Para el proyecto teníamos cinco canciones que salían el jueves, y el miércoles decidí que una no iba a salir y que había que hacer otra. A mi equipo le iba a dar un infarto, pero creo que eso era lo que tenía que pasar… y al final pasó.
¿Hay algo de VERTIZZE que crees que solo se va a entender de verdad cuando lo cantes en directo?
Cantar para el público es lo más grande que puede hacer un músico. Esa conexión espiritual con tu público es la piedra angular de tu arte. Da igual que haya 30 o 30.000 personas. Ojalá pudiera expresar con palabras lo que siento cuando la gente canta, suena, sonríe o llora con una canción mía. Por eso todo tiene sentido.
