DESCUBRIENDO A: WOMAR

De sus raíces libanesas a un universo creativo sin fronteras, Womar utiliza la música para explorar su identidad, dar forma a sus emociones y reivindicar todo aquello que forma parte de él. Con Zahry, el artista conecta memoria, cultura y experimentación en un proyecto que va más allá de las canciones.

Con solo 22 años, Womar empieza a hacerse un hueco en la nueva escena urbana española con una propuesta que escapa de las etiquetas. Madrileño de ascendencia libanesa, el artista ha acumulado más de un millón de reproducciones en plataformas digitales, construyendo una identidad propia en la que conviven la música, la estética y una inquietud creativa que no parece tener límites.

Detrás de Womar está Omar Abdallah, alguien que entiende el arte como una forma de explorar quién es y cómo se siente. Sus influencias pasan por nombres como Pharrell Williams, Tyler, The Creator o C. Tangana, pero su intención no es seguir una fórmula concreta. Prefiere experimentar, mezclar referencias y dejar que cada etapa de su proyecto encuentre su propio lenguaje.

Esa búsqueda toma forma en Zahry, un proyecto en el que sus raíces libanesas adquieren un papel protagonista. A través de símbolos, recuerdos y referencias culturales, Womar transforma su historia personal en un universo sonoro y visual que también invita a mirar hacia un país que, como él mismo explica, suele quedar fuera del imaginario de buena parte del público español.

Para conocer mejor al artista detrás del proyecto, hablamos con Womar sobre identidad, vulnerabilidad, creatividad y la relación entre la música y el descubrimiento personal.

En Zahry conectas tus raíces libanesas con tu universo musical y visual. ¿Qué parte de tu identidad sentías que todavía no habías mostrado y que necesitabas explorar en este proyecto?

Zahry es un proyecto destinado a resolver dudas y, al mismo tiempo, a abrir otras. Muy poca gente conoce mi país de procedencia. En España estamos bastante acostumbrados a que, cuando alguien ve a una persona árabe o musulmana, dé por hecho que es marroquí. A lo largo de mi vida he tenido que aclarar muchas veces que soy libanés.

El Líbano casi nunca está en el radar de nadie. Somos un país pequeño y, poco a poco, está siendo invadido. Cuesta imaginar que dentro de unos años pueda seguir existiendo tal y como es ahora. Por eso, más que una obligación, sentía que tenía la oportunidad de animar a la gente a descubrir mi país, investigar sobre nuestra historia, nuestra gastronomía y nuestras tradiciones.

Las pocas veces que alguien sabe dónde está el Líbano, a veces lo confunde con Libia. Mi intención no es solo darle visibilidad, sino conseguir que se tenga claro de dónde soy, más allá del hummus y el shawarma.

Dices que hay cosas que no puedes explicar hablando, pero que cuando escribes todo fluye. ¿Qué consigues expresar a través de la música que te cuesta expresar de otra manera?

Creo que todo aquello que me cuesta decir en voz alta. A todos nos ha pasado que hay sentimientos más crudos que da miedo expresar porque, al hacerlo, te vuelves vulnerable y parecen todavía más reales.

Sin embargo, cuando les pongo una instrumental y algo de autotune, pierden parte de ese peso. Incluso me siento libre de gritarlos sin sentirme juzgado. Eso es lo bonito del arte: poder crear algo propio que no solo te sirva a ti, sino que también pueda convertirse en un lugar seguro para otras personas.

A todos nos ha pasado que hay sentimientos más “crudos” que da miedo expresarlos porque en caso de hacerlo te vuelves vulnerable y parecen aún más reales

Zahry tiene un significado ligado a tus raíces y a conceptos como la suerte, las flores y las rosas. ¿Cómo ha sido el proceso de transformar ese imaginario en el sonido y la estética del EP?

Tuve que dar forma a todo lo que echo de menos del Líbano: el olor a jazmín, el café árabe recién hecho al entrar en una casa y esa sensación de hogar que aparece cuando te lo sirven en nuestras típicas tacitas, llamadas finjan. De hecho, esas tazas me llevaron a escoger la flor que aparece dibujada en la portada de Cosa Mía.

Son tazas pequeñas porque, en nuestra cultura, rellenarlas una y otra vez es una forma de hospitalidad. Para mí, esa flor representa precisamente eso: hospitalidad, cariño y pertenencia. Es lo que quería transmitir con el EP, algo pequeño al que puedas volver cada vez que lo necesites.

También queríamos conectar el proyecto con el cedro de la bandera del Líbano. Spawn hizo una animación fotograma a fotograma en la que la flor de la taza se transforma en el cedro de la bandera. La verdad es que quedó todo en su sitio y decidimos dejarlo así porque sentimos que transmitía exactamente lo que buscábamos.

Te defines como un creativo más allá de la música y te inspiran artistas como Pharrell Williams y Tyler, The Creator. ¿Hasta dónde te gustaría llevar tu universo artístico fuera de las canciones?

No creo que pueda tener un universo artístico completamente separado de la música. Siento que todo lo que he hecho hasta ahora a nivel musical sienta un precedente para lo que venga después y, al mismo tiempo, la música conecta con cualquier otra disciplina creativa. Si algún día me aventuro a crear algo diferente, seguramente la música que lo acompañe también será cosa mía. Para mí, todo va a estar conectado.

Siempre me han llamado la atención disciplinas como el arte, el cine o la moda, pero también otras más industriales, como la ingeniería o el marketing. Siempre que tenga la oportunidad de experimentar con mi creatividad en cualquier campo, lo haré. No siento que la música tenga que quedarse al margen de ninguna de esas cosas.

Tu música nace de experiencias, emociones y cosas que todavía intentas comprender. ¿Sientes que crear te ayuda a descubrir quién eres o que cada proyecto abre nuevas preguntas sobre ti mismo?

Siento que lo que escribo muchas veces funciona como una especie de diario. Si vuelvo a experimentar un sentimiento que ya he vivido antes, basta con escuchar una canción antigua para recordar cómo me afectaba y tener contexto. A partir de ahí, puedo actuar teniendo en cuenta lo que he aprendido de esa experiencia.

Al mismo tiempo, reflexiono mucho cuando escribo. Más que abrirme preguntas, la música me ayuda a responder cuestiones sobre mí mismo a las que, de otra manera, probablemente no prestaría atención.

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