DESCUBRIENDO A: LÁZARO

Se llama Aday, pero decidió llamarse Lázaro. No por sonoridad ni por casualidad: el nombre viene de El Lazarillo de Tormes, uno de sus libros favoritos, y de un protagonista que pasa de niño inocente a adulto desengañado por pura necesidad. Lázaro, el madrileño, vio ahí un espejo de su propio recorrido, y se quedó con el nombre para toda la vida artística que estaba por venir.

Ahora presenta Amapolas y Heroína, su EP debut: seis canciones grabadas con la guitarra más barata que encontró, pese a trabajar rodeado de instrumentos profesionales en un estudio ajeno. No fue una limitación económica, sino una decisión: quería que todo lo que saliera de esa guitarra fuera solo suyo, aciertos y errores incluidos.

En esta conversación hablamos con Lázaro sobre por qué eligió el nombre de un personaje literario para reinventarse, sobre qué se lleva y qué deja atrás de su etapa musical anterior, y sobre la contradicción que da título a su EP debut.

Te llamas Aday pero tu pseudónimo es "Lázaro". ¿Qué tanto tiene que ver la figura del Lazarillo de Tormes con esa decisión?

Absolutamente todo. El Lazarillo de Tormes es uno de mis libros favoritos y, desde adolescente, me vi muy reflejado en su protagonista. Lázaro pasa de ser un niño inocente a un adulto desengañado y pragmático por las circunstancias que le toca vivir. Salvando las distancias, siento que a mí me ocurrió algo parecido, y por eso elegí ese nombre como pseudónimo.

A veces no se viene de un entorno que "facilite" el dedicarse a la música. Tú mismo has compuesto Amapolas y Heroína de forma autodidacta y con la guitarra más barata que encontraste. ¿Cuánto hay de elección en hacerlo así y cuánto fue simplemente lo que había?

Es curioso, porque trabajo en un estudio profesional y tengo acceso a instrumentos increíbles: desde una Fender Stratocaster de hace 30 años hasta sintetizadores que son auténticas reliquias. Pero no los sentía como míos. Elegí comprarme la guitarra más barata porque ni siquiera sabía tocar, y prefería que todo lo que saliera de ella fuera mío, para bien y para mal.

Estoy presente en todo el proceso creativo y técnico de mis canciones, y eso es lo que más valoro de mi música. Si una mezcla flojea o un estribillo no funciona, la responsabilidad es mía. Y si la producción o la letra brillan, también. Es como cocinar: puedes ir a un restaurante y salir satisfecho o no, pero cuando cocinas tú sabes exactamente por qué las cosas salen como salen, y aprendes de cada error porque no hay nadie más a quien echarle la culpa.

¿De dónde dirías que viene la paleta sonora que podemos apreciar en tu último EP? ¿Tienes normalmente tus referencias claras o es algo más líquido?

Me inspira mucho la new wave, ese movimiento tan amplio y ecléctico de los 80. Me atrae la mezcla de sintetizadores y guitarras, los estribillos maximalistas, las reverbs horteras, las letras derrotistas y crudas del post-punk y esos contrapuntos de sintetizadores tan melódicos que hacen bandas como Depeche Mode, Nation of Language o MGMT.

Tengo bastante claras mis referencias. Muchas veces empiezo una canción creando una playlist y eligiendo qué elementos quiero tomar de cada tema. Me gusta sacar de contexto pequeñas genialidades y hacer un collage con todo, hasta que termina sonando a algo propio.

A veces miro atrás y me da vergüenza ajena. Otras pienso que mi yo de entonces fliparía al verme producir y saber lo que es un compresor.

- LÁZARO

Antes de Lázaro hubo otro proyecto musical. Sin entrar mucho en detalles, ¿qué partes crees que te siguen acompañando en esta nueva etapa? Y si es que sí, ¿hay algo de lo que quieras deshacerte? ¿Y algo que quieras que te acompañe toda la vida?

Empecé a hacer música con 15 años sin tener ni idea de nada: ni de cantar, ni de escribir, ni de producir ni de mezclar. Lo que más me gustaba de ese momento era precisamente eso. Como no tenía ni idea, creaba sin miedo. No tenía ninguna referencia a la que atenerme ni con la que compararme. Hacía lo que quería y sentía una curiosidad enorme por todo. Quiero seguir jugando como un niño.

Lo que sí quiero dejar atrás es la falta de criterio. Mi música era muy cruda: las mezclas eran un desastre, las letras las de un adolescente depresivo sin un estilo claro, las instrumentales no eran mías y todo era muy precario. Llevo seis años haciendo música y creciendo como persona. A veces miro atrás y me da vergüenza ajena. Otras pienso que mi yo de entonces fliparía al verme producir y saber lo que es un compresor.

Ahora ya está disponible el nuevo EP al completo. ¿Qué te gustaría que la gente entendiera después de una escucha completa?

El título representa bastante bien la idea del EP. La amapola es una flor, algo bello y delicado; de ella se extrae el opio, y de sus derivados se obtiene la heroína. Me interesa precisamente esa contradicción: que de una misma raíz puedan salir cosas tan bonitas y tan miserables.

Creo que el EP parte un poco de ahí, de hablar con crudeza de cosas sensibles sin perder la ternura. Hay bastante hastío hacia el mundo moderno, pero también mucho amor por las personas, por lo vivido y por los recuerdos. No pretende ser cínico, aunque sí bastante honesto con el momento en el que está hecho.

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