DESCUBRIENDO A: KASTILLO & JHON WEEZY
“Kateto” era una palabra que Kastillo y Jhon Weezy utilizaban entre amigos para hablar de algo tan sencillo como saber de dónde venían. Chavales de pueblo, una forma de reconocerse entre ellos que, poco a poco, empezó a salir de su círculo. Primero fueron ellos quienes la utilizaban; después fue su público quien empezó a llamarse “Los Katetos”. Hoy, el término ya no les pertenece del todo: se ha convertido en una identidad compartida por gente de distintos puntos de España.
El Katetos Tour ha terminado de demostrarlo. Más allá del tamaño de las salas o de la ciudad, hay algo que se repite: gente que viene a disfrutar, que se sabe las canciones y que se reconoce en lo que hacen. También gente que recorre cientos de kilómetros para verles. En ese encuentro desaparece la distancia de las redes y aparece algo más difícil de medir: la sensación de estar formando parte de algo. Una comunidad que no se queda en internet, sino que se encuentra físicamente alrededor de sus canciones.
Ahora, con Kateteo: El Negocio, llega el momento de crecer sin dejar atrás esa forma de hacer las cosas. Para ellos, mantener la esencia pasa precisamente por no olvidarse de dónde vienen ni de quién estuvo desde el principio. Porque quizá el Kateteo no sea tanto una etiqueta como una manera de reconocerse entre quienes, estén donde estén, sienten que forman parte de la misma historia.
“Kateteo: El Negocio” suena más a una filosofía que a un simple título. ¿Cuándo os disteis cuenta de que “Los Katetos” había dejado de ser una idea vuestra para convertirse en una identidad que también pertenecía a vuestro público?
Realmente, “kateto” es un término que ya utilizábamos entre nosotros y dentro de nuestro círculo, porque al final somos chavales de pueblo y siempre nos hemos sentido muy identificados con eso. Lo que no esperábamos era que la gente de fuera empezara a sentirse identificada también con el término y acabara haciéndolo suyo. Poco a poco, el propio público empezó a llamarnos “Los Katetos” y a identificarse con ese nombre, hasta el punto de que sentimos que ya no es algo que nos pertenezca solo a nosotros. Estamos creando una familia, una comunidad de chavales que vienen de pueblos de toda España y que encuentran en “Los Katetos” una forma de identificarse y de sentirse parte de algo. Al final, ha sido el propio público quien le ha dado significado al término y, de alguna manera, es más suyo que nuestro.
Habéis llevado el Katetos Tour por varias ciudades antes incluso de publicar el álbum. ¿Qué habéis aprendido viendo cómo una misma canción puede sonar diferente según la ciudad y la gente que la recibe?
Sobre todo, hemos visto que tenemos una comunidad cada vez más unida. Hemos tenido shows más grandes, incluso delante de gente que no nos conocía, y también hemos estado en salas más pequeñas con 40 o 50 personas, y en ambos casos hemos sentido un recibimiento increíble. Cada ciudad tiene su manera de vivir el kateteo, pero hay algo que se repite y es que la gente viene a disfrutar y a sentirse parte de esto. También hemos notado que el público andaluz se identifica mucho con nosotros y nos da muchísimo cariño en directo.
Si Kastillo y Jhonny Weezy tuvierais que repartiros los papeles dentro de una noche de “kateteo”, ¿quién es el que monta el plan y quién es el que acaba haciendo que todo se descontrole?
Jhonny es más de montar el plan y Kastillo de hacer que se vaya de las manos, aunque realmente cuando estamos juntos tampoco hace falta mucho para que se descontrole. Siempre empezamos diciendo que vamos a estar tranquilos y acabamos rodeados de toda nuestra gente, sin saber muy bien cómo hemos llegado hasta ahí. Entre el Canoa poniendo su dembow, el Xandro liándola por ahí, el dúo de Chus y Ray y el manager al teléfono intentando organizarlo todo, al final es imposible que la noche siga el plan que teníamos. Creo que esa es un poco la esencia del kateteo: tú puedes tener el plan muy claro, pero en cuanto aparecen Los Katetos, el plan deja de ser tuyo.
En un momento en el que muchos artistas intentan construir una comunidad a través de las redes, vosotros habéis conseguido que “Los Katetos” tenga también una presencia física, en salas y ciudades. ¿Qué tiene el cara a cara que todavía no puede sustituir ningún algoritmo?
El calor de la gente y la ilusión con la que nos miran y nos hablan es una locura, la verdad. La gente nos tiene aprecio a través de una pantalla simplemente por escucharnos y empatizar con nuestra música, y cuando nos encontramos cara a cara se nota muchísimo. Ver a alguien que se ha hecho cientos de kilómetros para venir a un show, que se sabe las canciones o que simplemente viene a decirnos que se siente identificado con lo que hacemos es algo que ninguna red social puede transmitir igual. Ahí es cuando realmente entiendes que detrás de los números hay personas y que esto va mucho más allá de la música.
El álbum llega después de demostrar que “Lollypop” podía crecer sin una gran inversión publicitaria. Ahora que el proyecto empieza a hacerse más grande, ¿cómo se protege esa sensación de estar construyendo algo desde abajo sin perder la esencia que hizo que la gente quisiera formar parte del movimiento?
Creemos que la clave está en no olvidarnos nunca de dónde venimos ni de la gente que estuvo ahí desde el principio. Aunque el proyecto crezca y tengamos más medios, queremos seguir haciendo las cosas a nuestra manera, hablando de lo que vivimos y haciendo música con la que nuestra gente se pueda identificar. No queremos que crecer signifique alejarnos de lo que somos. Al final, Los Katetos nació desde abajo y queremos que siga teniendo esa cercanía, que cualquiera que nos escuche pueda sentirse parte de esto.
