DESCUBRIENDO A: DIANKA

Dianka empezó queriendo sentirse Jeanette o Pepa Flores. No como imitación — como punto de partida. Su primer EP, Mamá, Quiero Ser Artista, tomaba el título de una frase célebre de Conchita Velasco y construía desde ahí un universo donde las grandes voces de los 60 y 70 no eran una referencia nostálgica sino una forma de entender qué significa tener identidad propia como artista. Después llegó TOMBOLERA!, su álbum debut, donde cada canción era una atracción de feria y la electrónica convivía con versiones de Pepa Flores y Los Desgraciaus sin que nada chirriara. Antes de los treinta años ya había firmado composiciones para Amaia — entre ellas Tocotó —, compartido escenario con Guille Milkyway y llevado su directo a Londres de la mano de Spanish Wave, a MIL Portugal y a la Razzmatazz 1 teloneando a Cariño.

Este año publicará Cabriola (Relato Breve), seis canciones que nacieron de algo concreto: una estancia en Madrid que no le sentó bien y la necesidad de huir de ella. Lo que iba a ser un disco con influencias western — lo había insinuado en entrevistas anteriores — terminó siendo otra cosa: un universo atravesado por la literatura cervantina, por Heidi, por Pippi Calzaslargas, por la tensión entre quién eres y la versión idealizada de ti misma que llevas años persiguiendo. La primera mitad de lo que será su segundo álbum completo, previsto para finales de 2026.

En la entrevista que sigue, Dianka habla de lo que aprendió escuchando a Guille Milkyway como si fuera un trovador que no va a volver, de cómo versionar un clásico sin borrarlo, y de por qué ha empezado a llamar a Marisol por su nombre real — Pepa Flores — como gesto de admiración hacia la persona y no solo hacia el personaje. Pero sobre todo habla de Cabriola como un salto hacia algo más fiero y más libre, y de la encina perfecta bajo la que le gustaría, al final, acurrucarse a leer.

¿Mamá, Quiero Ser Artista! y TOMBOLERA! son dos discos que parten del mismo amor por los 60’s -70’s pero suenan distinto. ¿Cómo describes tú esa evolución entre los dos proyectos?

¡Sí! Estas décadas son toda una inspiración en mi proyecto. Esta influencia ha ido generando una simbiosis con mi carácter artístico de formas muy distintas: empezó con un estímulo más sonoro, pues buscaba un tanto más sentirme Jeanette o Pepa Flores. Ahora, estos años se traducen con otras características: las muecas, la luz, el arte de querer ser artista, de pisar fuerte, el de tener identidad propia… ellas y muchas más de aquella época me han impulsado a ser fiel a mi virtud.

TOMBOLERA! convierte cada canción en una atracción de feria, con versiones de Marisol y Los Desgraciaus mezcladas con electrónica. ¿Cómo decides hasta dónde respetar un clásico y hasta dónde transformarlo?

En TOMBOLERA! versioné a Pepa, porque la noto en todo lo que hago, y para mí fue un tributo hacia la admiración que le profeso. A partir de ahora, de hecho, la estoy comenzando a nombrar con su nombre, y no como "Marisol", pues intuyo que hasta día de hoy y los venideros, es toda su persona la que admiro fielmente, no solo su personaje. Cuando versiono, traduzco o maqueto nuevas formas ya construidas por otros artistas, me gusta aportar mi ADN, pues eso ya hacen el batiburrillo perfecto para que la canción lleve mi seña.

En una entrevista dijiste que para lo próximo querías explorar "un rollo más western", que ves en ese género una melancolía y una armonía que quieres explorar. ¿En qué punto está ese proyecto y qué podemos esperar?

En este aspecto, di un volantazo, claramente. Cabriola, el nuevo disco que saldrá a finales de año, sembró frutos muy distintos a los que me había propuesto. Inspirada por la historia cervantina y por mi breve estancia en la capital durante el año pasado, decidí que debía hablar de mi huida de esa ciudad y conectarlo con la búsqueda de mi versión más "Heidi". En septiembre saldrá un single en el que hablaré justamente de esta experiencia y el porqué de este imaginario.

“ (…) siento que Dianka es bastante flexible y global. Además, he hallado en muchos casos que quien me escucha se sorprende de que pueda escuchar música del siglo anterior, y creo que instintivamente hay una curiosidad genuina. Sobre todo con gente mayor.(…)”

- DIANKA

Has firmado composiciones para Amaia, has compartido escenario con Guille Milkyway y has teloneado a Cariño en la Razzmatazz 1. ¿Qué te aporta moverte entre el rol de compositora para otros y el de artista propia?

Me aporta valentía y, ciertamente, sabiduría. En los conciertos que hemos ido compartiendo con Guille, por ejemplo, me ha contado historias maravillosas… tanto así que sintiéndolo como un trovador que viene por única vez a mi ciudad, yo me limito a sentarme y a escucharle, guardando su experiencia y consejos como un cuento que no fuese a repetirse nunca. De otras experiencias, han habido que me han resultado oro, otras, tal vez solo relucían como tal, pero me han enseñado también a entender cómo funciona la creatividad y cómo derivarla a otros imaginarios.

Tu música ha llevado este año a Londres de la mano de Spanish Wave, a MIL Portugal, a Barcelona y Madrid. ¿Cómo reacciona el público fuera de España ante un proyecto tan anclado en la cultura popular española?

¡Creo que suena fresco! A pesar de mis influencias, siento que Dianka es bastante flexible y global. Además, he hallado en muchos casos que quien me escucha se sorprende de que pueda escuchar música del siglo anterior, y creo que instintivamente hay una curiosidad genuina. Sobre todo con gente mayor. Con el público más joven, conecto de otra manera, que también es especial.

¿Qué es una cabriola para Dianka y qué cuento te apetecía contar en este momento de cara a tu próximo proyecto?
Es un salto de libertad, de despojo y añoranza a una vida sin ataduras. Huyendo como quien huye de la nada —un tanto quijotesca—, he sentido que debía trazar una nueva aventura más arriesgada, más fiera. Este álbum es todo un libro lleno de matices y victorias y derrotas, que se acercan más y más a ese sonido propio e innato. Quisiera que, al menos para mí, este proyecto me lleve a esa encina perfecta, para acurrucarme bajo su sombra, y leer y leer sin tiempo.

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